En la lectura que por estas horas predomina en el entorno presidencial, la elección del 2021 debería ser favorable para Morena y sus aliados, el PAN retenería su voto duro y el PRI terminaría por desfondarse y quedar reducido a un partido menor, especialmente después de perder las gubernaturas de Tlaxcala, Sonora, Sinaloa, Guerrero, Zacatecas, Colima y San Luis Potosí.

En ese nuevo panorama, es que desde el Gobierno se han iniciado contactos discretos con el gobernador sinaloense, Quirino Ordaz, para alentarlo a que tome el control del PRI tras esa debacle que tendrá por responsable al dirigente Alejandro Moreno Cárdenas, que por estos días busca asegurar su estado de Campeche, que es de los territorios donde el PRI tiene posibilidades.

En Palacio creen que si la elección del tricolor es desastrosa lo más probable es que el eje del partido se corra o hacia Hidalgo o a Coahuila, dado que Alfredo Del Mazo no tiene pretensiones en ese plano.

Ordaz es un gobernador muy bien conceptuado por Andrés Manuel López Obrador. Tiene trato directo con el presidente, una relación que se terminó de cristalizar en el estallido de Culiacán del 2019.

Es curioso. Enrique Peña Nieto eligió a Ordaz como una figura externa, proveniente del empresariado de Sinaloa y lo convirtió en gobernador, en un primer ensayo de lo que luego iba a ser la candidatura de José Antonio Meade.

Ahora, con argumentos similares como la distancia a la clase política del PRI o la imagen de gestor eficiente, López Obrador lo alienta para que se ocupe de revitalizar al tricolor.