Para pagar la deuda tuvieron que vender algunos terrenos; el padre perdió la vida, la madre fue hospitalizada, y dos de los tres hijos aún presentan secuelas

Desde que comenzó la pandemia, en México se han registrado 110,074 defunciones por Covid-19. Y detrás de cada fallecido, hay decenas de parientes rotos de dolor por la pérdida.

En Celaya, estado de Guanajuato, una de estas familias quiso contar su historia. Sus cinco integrantes se contagiaron de coronavirus. Dos de ellos tuvieron que ser hospitalizados, y uno, lamentablemente, perdió la vida.

Don Raúl Colecio era un campesino de 51 años, residente en San Juan de la Vega. Producía cebolla, y contantemente viajaba a la central de abastos de la Ciudad de México para vender sus productos.

En marzo, cuando ya había irrumpido la pandemia, realizó varias veces el trayecto, a pesar de que sus hijos le pidieron que no volviera a la capital, para no exponerse al virus.

A principios de abril, el agricultor decidió programar un último viaje. Cuando regresó a Celaya, presentaba síntomas graves y su oxigenación en sangre era del 60% -en niveles normales este indicador se encuentra entre 95 y 100%-.

Ángeles, hija de Raúl (Foto: Secretaría de Salud del Gobierno de Guanajuato)

Lupita Colecio contó que al ver el estado de salud de su hermano lo llevó a una clínica privada, donde lo internaron. Allí permaneció en terapia intensiva durante un mes. Su cuadro clínico, sin embargo, no mejoraba, y Raúl falleció el 21 de mayo.

 

La esposa del campesino, María del Rayo, y sus tres hijos, Norberto, Ángeles y Vidal, también se contagiaron. Para evitar que surgieran más casos en la familia, todos los que habían tenido contacto con ellos se aislaron.

“Empezamos por aislar a los demás entre los que tenían algún síntoma, quienes tuvieron contacto con mi hermano y quienes no tenían síntomas, porque todavía había más familiares que habían tenido algún tipo de contacto en esos días, no sabíamos hasta qué punto podía ser el contagio”, contó Lupita, hermana de Raúl, según informó la Secretaría de Salud del Gobierno de Guanajuato.

María del Rayo tuvo que ser hospitalizada. Sus problemas de hipertensión hicieron que su estado se complicara. Las facturas en la clínica particular ascendieron al millón y medio de pesos, por lo que tuvieron que vender algunos terrenos y dos vehículos.

La hija mayor de la pareja, Ángeles, de 24 años, confesó que nunca pensaron que el coronavirus fuera a llegar tan rápido a México, y menos a Celaya.

“Con la partida de nuestro papá fue una experiencia muy dura puesto que no creímos que fuera a llegar tan grande esto. Él perdió la vida y los demás quedamos destrozados, hoy pedimos que la gente se cuide y que piensen en todas las familias que en este momento están pasando por lo mismo”, apuntó.

Lupita Colecio, hermana de Raúl (Foto: Secretaría de Salud del Gobierno de Guanajuato)

De acuerdo al comunicado emitido por el Gobierno de Guanajuato, la joven, estudiante de ingeniería industrial en el Tecnológico de Celaya, reconoció que su padre no seguía estrictamente las medidas sanitarias porque no creía en la mortalidad del virus.

Además, Ángeles explicó que después de superar la enfermedad, ella aún padece síntomas: ha perdido el olfato, la carne roja le da asco, y se siente a menudo fatigada.

Su hermano, Norberto, de 16 años, confesó que tampoco creía que el coronavirus fuera una enfermedad grave, hasta que vio la condición de su padre.

El más pequeño de los tres, Vidal, fue el único que no presentó síntomas. Todavía en diciembre, María del Rayo sigue sufriendo secuelas: padece descompensaciones, la presión no se le ha podido normalizar y vive momentos de depresión por el fallecimiento de su esposo.

De acuerdo al Gobierno de Guanajuato, la familia acudió a una clínica privada por “desconocimiento de los beneficios del sistema de salud estatal”, y ya están recibiendo un seguimiento médico por parte de la Jurisdicción Sanitaria III.